Tuesday, March 16, 2010

"Hoy es el tiempo: los hijos no esperan"


Es una página adaptada de Beverly LaHaye. Esta historia me la pasó hace varios años atrás la esposa de mi pastor, Erma Swindoll, en una época que solo estaba dedicada a mi casa, la crianza y mi esposo, y muchas veces me sentía muy incomprendida, pues "todo el mundo" (amigos, conocidos y desconocidos) me mandaban a trabajar y a dejar a mis hijas pequeñitas en una guardería.
Se las dedico a mis hijos, que por ellos he postergado mi carrera, mis anhelos y mis sueños, pero con ellos he encontrado las más grandes alegrías y las satisfacciones más maravillosas que nunca esperé recibir. También se las dedico a todas esas madres que han o hoy están dedicando todo su tiempo a la crianza, que esto les anime cuando se sienten que desfallecen, pues vivimos en una sociedad que no nos apoya. También a esos padres que anhelarían pasar más rato con sus hijos y que sí tienen conciencia que el tiempo pasa rápido.

"Hay un tiempo… Para anticipar la llegada del bebé, consultar al médico, hacer dieta y ejercicios, y ver cómo se va modificando mi perfil. Para preparar el ajuar. Para soñar lo que ese niño puede llegar a ser cuando crezca. Para pedirle a Dios que me enseñe a criar al hijo que llevo en mis entrañas. Para preparar mi alma y para alimentar la suya…

Hay un tiempo… Para alimentarlo durante la noche, calmar sus pequeños dolores y esforzarse para sacarle una sonrisa. Para mecerlo y pasearlo por la habitación. Para modelar con paciencia su voluntad cuando todavía no se ha hecho presente la razón. Para mostrarle que su nuevo mundo es difícil y exigente, pero que también tiene mucho de amor y de esperanza. Para contemplarlo y maravillarme por lo que en realidad es: ni mascota, ni juguete, sino una persona diferente de mí misma, un ser creado a la imagen divina. Para reflexionar acerca de mi mayordomía sobre él: no me pertenece, no es mío, sólo he sido elegida para amarlo, educarlo, disfrutarlo…

Hay un tiempo… para tenerlo en mis brazos y contarle la historia más hermosa que jamás haya oído. Para enseñarle que Dios existe en el cielo, en la tierra, en cada detalle de la naturaleza y de su cuerpo. Para enseñarle a sentir asombro y a emocionarse por las cosas que realmente lo merecen. Para dejar de lado los platos sucios y llevarlo al parque para que pueda correr, respirar a pleno pulmón, mirar la luna, sentir la lluvia sobre su cabeza y descubrir cada secreto de la naturaleza. Para jugar con él una carrera, hacerle un dibujo, atraparle una mariposa y darle todo el alegre compañerismo que necesita. Para señalarle el camino de la Verdad y enseñarle a amar a Dios con sus sentimientos de niño.

Este tiempo es corto, y si me descuido se esfumará, porque los hijos no esperan…"

"Hay un tiempo… Para cantar en vez de rezongar, sonreír en vez de fruncir el ceño, reflexionar en vez de airarme, comprenderlo en vez de llorar por el jarrón roto, compartir con él mis mejores sentimientos, mi amor por la vida y la familia.

Para contestar todas sus preguntas, antes que llegue el momento cuando no quiera escuchar mis respuestas. Para enseñarle firme y pacientemente a obedecer, a disponer un lugar para cada cosa en su respectivo lugar. Para mostrar la paz del deber cumplido y comunicarlo con la Fuente de la paz.

Hay un tiempo… Para verlo partir valientemente hacia la escuela, y entonces extrañar su ruidosa presencia a mi lado. Para aceptar que ahora hay otros que atraen su interés, y esperarlo cuando regrese de la escuela. Para escuchar atentamente las largas descripciones de lo que le sucede cada día. Para enseñarle a ser independiente, responsable y, sobre todo, a ser él mismo. Para guiarlo con afectuosa firmeza y disciplinarlo con amor. Para dejarlo partir y soltar los lazos que lo sujetan a mi falda. Para atesorar cada instante fugaz de su niñez y adolescencia: sólo l8 preciosos años para inspirarlo y prepararlo para la vida.

Habrá un tiempo… cuando las puertas ya no serán cerradas a los golpes, ni habrá más juguetes en la escalera, ni peleas entre hermanos, ni marcas de lápices en las paredes. Entonces podré recordar con gozo los años pasados, y pensar que fue poco lo que perdí en comparación con lo mucho que he ganado.

Habrá un tiempo… cuando lo vea labrarse un futuro en la universidad. Entonces será para mí el tiempo de trabajar fuera de casa, de dedicarme a todo lo bello y útil que he postergado durante años…

Entonces recogeré el fruto de haber respetado el tiempo de mis vástagos, de haber postergado los míos, de haber sido consciente de que esos tiempos eran breves, y de no haberlos hecho esperar".
¡¡A mis hijos con amor!!

2 comments:

Ishah ah-for said...

que hermoso! me siento muy identificada y me da animos y fuerzas en estos momentos... gracias por compartirlo.

caro m.

Cecilia Arias said...

De nada! Que bueno que te haya gustado, esto es cierto, hoy mi hija mayor tiene 20 años y ya esta en la universidad, y puedo ver los bellos frutos del sacrificio por ellos!! Te animo!!